¡Atrévete al placer!

       ¿Por qué será que nos cuesta tanto sentir placer? Algunos de ustedes pensarán: “Que hable por ella sola”. Pero realmente analicemos por unos instantes si somos tan libres como quisiéramos serlo. El placer no está relacionado solamente con la sexualidad, está relacionado con la plenitud del día a día y con el gozo verdadero de algunas cosas de la vida. No todos sentimos placer con las mismas cosas y es importante buscar las formas de conocernos a nosotros mismos para poder realmente reconocer nuestros gustos reales y cuales son gustos inducidos por nuestra pareja, nuestra familia, la sociedad, un grupo de amigos, una clase social, etc. Mi reflexión no consiste en lanzarse al libertinaje y sólo gozar en esta vida, tiene relación con permitirse disfrutar realmente de algunas cosas.

      A veces nos saboteamos los placeres personales: tenemos la televisión encendida mientras comemos o leemos, no nos damos el chance de hacer deporte o compartir con un buen amigo, no disfrutamos esos pequeños momentos con nuestros hijos o familiares, momentos únicos, irrepetibles y qué jamás volverán. Solemos estar en varias actividades al mismo tiempo, con la atención y los cinco sentidos divididos, no nos entregamos al momento, sobretodo a los momentos de placer. El placer por el placer ha sido relegado por muchos a un segundo plano, actividades como contemplar las estrellas, saborear tu comida preferida, disfrutar un buen baño, sentir la brisa en el rostro, compartir una risa y una sonrisa con un extraño; han dejado de ser actividades lúdicas y han pasado a formar parte de actividades cotidianas, inadvertidas y así no plenamente disfrutadas. Nuestros hábitos y las actividades que consideramos placenteras poco a poco han ido cambiando y actividades que limitan nuestro contacto con el mundo, han inundado todos los espacios de nuestra vida, como los artefactos electrónicos, sobre todo el teléfono móvil. La tecnología sin duda facilita nuestras vidas, pero también facilita la pérdida del contacto con el mundo exterior lleno de placeres y con nosotros mismos, quienes englobamos dentro de nuestra naturaleza misma un sinfín de placeres innatos.

      El placer y la felicidad están estrechamente relacionados. La búsqueda de la felicidad,  es una condición que define a la raza humana por antonomasia,  todos queremos ser felices (aunque encontremos mil quinientas formas de sabotearnos permanentemente), pero mas allá de eso, necesitamos ser felices para poder brindar felicidad a los otros. La sensación de plenitud que experimentamos en la felicidad es placentera y representa una previa apertura hacia el placer, hacia la realización de actividades que generen una satisfacción real para uno, aislada en cierta medida de los demás. El placer es una experiencia privada, íntima de relación con uno mismo, y no debemos supeditarla a los parámetros impuestos por el medio ambiente; por supuesto que es imposible aislarnos de nuestro conjunto de valores y nuestro entorno, pero nos debemos (a cada uno de nosotros) la posibilidad de alejarnos un poco y entrar en contacto con nuestros verdaderos gustos y anhelos y así recuperar parcialmente la libertad perdida en el devenir de nuestra vida adulta.

      Te invito en este instante a que te pongas de pie, cierres los ojos, pongas tus dos pies bien plantados en el piso a la altura de las caderas con las rodillas ligeramente flexionadas, hagas tres lentas respiraciones y por unos breves instantes sientas qué actividad te gustaría realizar, una actividad para la cual no te has dado el chance, no te has atrevido, nunca te han dejado, o simplemente nunca encuentras el tiempo. ¿Ya lo sabes? Muy bien. ¿Qué edad tienes ahora? ¿Hace cuánto que quieres hacer ésto? ¿Cuánto más vas a esperar? La felicidad es un constructo de nuestra mente, es un estado emocional y contamos con la voluntad para lograrlo. Para los escépticos, apáticos, enfermos, workaholics, o para quienes simplemente estén pasando por un mal momento, con amor les digo que todos los seres humanos, pasamos por muchos malos momentos y nos sentimos infelices en más de una ocasión en la vida, pero hay que apechugar y sacar tiempo, soltar el celular y la computadora, soltarse el moño y hacer eso que tanto quieres hacer, la vida pasa y no vuelve. Hoy que estás aquí leyendo ésto, no esperes más, anímate o no te animes, pero hazlo. ¡Hazlo ya! Date el chance de disfrutar como desees y verás como tu ánimo y fortuna cambiarán para bien. ¡El movimiento es vida! El movimiento de ideas, de intenciones, el movimiento geográfico y biográfico. ¡Lo que no se mueve está muerto! Mueve tus pasiones, tus actividades, tus rutinas, tus amistades, tu alimentación y muy importante… ¡Mueve tu cuerpo y tu mente y renueva el placer! Hazlo como tu decidas, busca aquellos espacios que te permitan sentirte libre y no olvides mover tu cuerpo!  Haz ejercicio, practica sexo, baila, corre, camina, salta, ríete, llora! ¡Es momento de despertarse y de disfrutar! Date permiso, sin imposiciones, sin apuros, abre un espacio en tu agenda para disfrutar, dale prioridad, sin auto-saboteos. Jean Paul Sartre lo expresó muy bien: “El hombre nace libre, responsable y sin excusas”, ¡Atrévete a vivir!